Avisar de contenido inadecuado

Capitulo 18. Sin esperanzas

{
}

Capitulo 18

Sin esperanzas

 

 

 

¡Qué extraña aquella sensación de soledad entre el bullicio! ¡Qúe rara y crispante angustía la de saber que se vive con los días contados; qué amargo sabor a sangre y humo en la boca reseca, en la sangre que de golpe, parece cuajarse entre las venas! ¿Que sensación de vacio y de silencio, y de dolor y de sueño sin reposo!

La noche había caído sobre laciudad empapada en lluvia; una congoja oscura se adueñaba de la gente que se asomaba a las puertas de sus casas y miraba pasar las tropas en derrota, arrastrando el arma, tirando de las bestias. Un rumor se acercaban hasta los soldados y se asomabanen aquellas miradas huecas, sin vida ni esperanza.

-¡Nos han vendido! ¡Nos han vendido!

La flor y nata de lejercito, cinco mil hombres pertrechados, habían sido retirados sin combatir por don Antonio López de Santaana. La linea de fortificaciones había pasado al recuerdo de sus gloriosas derrotas.

La suerte de los colorados del San Patricio era una interrogante que ponía temblor de reno en todos los habitantes. Permanecían largas horas echados sobre sucios jergones, soportando el frío húmedo del claustro de San Jacinto con la mirada perdida en el azul cielo, como si la vida hubiera dejado de tener interés, Habían aceptado su culpa sin una palabra de protesta, sin enojo, con una fatalista resignacion que señalaba la aceptación del cadalso y de la muerte ignominiosa.

Fuera de ellos, mucho más allá de su propia voluntad, se movían manos piadosas por salvarleos. Las mujeres de San Angel, Coyoacán y Tacubaya intercedieron por los prisioneros. Las damas de la aristocracia lograron una entrevista con el general Scott intercediento por los irlandeses, pero la respuesta volvió a ser la misma, implacable y cortante: aquellos hombres eran convictos de grave culpa y nadie sino el consejo de gurra decidiría su destino.

Las damas no se desanimaron por la respuesta. Por la noche, una larga fila de mujeres de todas clases sociales, con la cabeza cubierta por mantos, chales o rebozos, se movió lenta y ordenada desde la Parroquia de Tacubaya hasta el arzobispado. Un fervoso entusiasmo las llevaba a pedir clemencia, una secreta fe las empujaba en esperanza de lograr en esta forma lo que la diplomacia y el gobierno no habían conseguido.

Nada fue capaz de conmover el corazón de Winfield Scott. Aquél hombre no supo ni quiso suavisarse ante los ruegos, no entendio de sentimientos humanitarios, no se doblegó ante la súplica de las madres, de las hijas u de las esposas de hombres que defendían su patria del invasor. Eran mujeres que habían llorado y sufrido y muhcas de ellas habían perdido seres queridos en los frentes de batalla. ellas tomaban amorosamente entre sus manos la vida de aquellos seres sin fortuna, de aquellos extranjeros que habían sacrificado por México su propia tranquilidad y su conveniencia.

Nada podía hacerse sino esperar en un milagro, pero los largos días de espera, la tregua en la que se gestionaban los famosos tratados para una paz honorable, tenían la recóndita certeza de un presentido final.

Y esas horas inclementes eran para O'Leary y sus compañeros una copa demasiado amarga para beberla diariamente.

-¿Cuándo acabará esto? -preguntó Connaban

McCaffrey y O'Leary le devolvieron la mirada sombría. Esa era la pregunta que ellos se hacían a toda hora, en esos largos días en que el tiempo tenía un ritmo desesperadamente lento, en que el hombre agonizaba despacio sufriendo el dolor de sus hermanos en desgracia.

-¿Por qué no estamos con ellos y acabamos de una vez por todas como acabaran ellos? -preguntó O'Leary con voz hueca.

Al decirlo, pensó en Cosntancia y bio en su recuerdo los ojos alegres, la boca reidora, la piel apiñonada y el pelo negro con extraños reflejos del sol. ¿Qúe podía ofrecerle despues de aquellos? ¿Qué podía darle que no fuera una vergonzosa derrota? Y le parecio como una pesadilla sentir sobre si piel la humedad de la lluvia, y como un fuego en sus pupilas ardorosas y sin sueño, y sintió que su boca había dejado de llamarla porque quería olvidar hasta su nombre... Tenía un dolor y verguenza, una extraña ensación de soledad, un tremendo silencio adentro de su propio corazón. ¿A dónde voy si ya estoy muerto? -se preguntó.

La madrugada del 7 de semptiembre el toque de generala frente a Palacio advirtió al pueblo de México que las hostilidades se reanudaban. Los bandos recorieron las calles dando instrucciones y la campana mayor de catedral romió el silencio con el fúnebre toque de rebato.

Los pueblos cercanos se hallaban materialmente incadidos por la gente, que huía llevando a cuestas sus pertenencias; el pueblo se agolpaba bajo los portales, en las plazas y los atrios, bajo los árboles y en las huertas, porque madie quería ver invadida su ciudad, nadie quería soportar el espectáculo que conocíaan de oídas y nadie aceptaba saberse gobernado por el invasor.

Las tropas empezaron a movilizarse; las garitas se forozaron y se estableció una linea improvisada de defensa en las lomas del Molino del Rey, por donde se presumía que atacarían los yanquis.

El derecho de México a mantener sus antiguos límites, a defender el territorio que era suyo, lo manifestaba don Antonio López de Santaana en una enardecida proclama en la que llamaba a todos los mexicanos para que, olvidando sus partidarismos politicos, se entregaran con fervor a una sola tarea: salvar el territorio nacional.

La defensa de la líena de los Molinos parecía insuperable. Las tropas mexicanas del Ejercito del Norte duramente fogueadas iban nuevamente al sitio que les correspondía en el Molino del Rey y la Casa Mata, comunicados por un alto acueducto que unía ambas construcciones y bajo cuyos arcos se instalo la artillería. Y allí en ese puesto, los tres del San Patricio. Al mando del general Juan Alvarez estaba la caballería emplzada en la Hacienda de los Morales para presentar ataque una vez que las tropas hubieran entrado en acción y dispersar, derrotadas, a las fuerzas enemigas.

La noche del 7 de semptiembre, en vista de que el esperado ataque no se realizó, Santaana movió las fuerzzas y debilito completamente la defensa del Molino del Rey. Quedaron solo unos cuantos hombres que serían arrastrados si se presentaba combate. La madrugada del día 8 llegaron los yanquis y la defensa de los nacionales fue desesperada e inútil porque se carecía de parque y hasta de los animales indispensables para movilizar las piezas de artillería. al ver la situacion angustiosa de los defensores, el general Echegaray los reforzó lanzandose desesperadamente desde la rampa del castillo de Chapultepec.

Las piezas de artillería habíansido prácticamente perdidas y la defensa volvía a quedar como siempre, al vigor de los brazos que empuñaban la bayoneta.

Oficiosamente y sin que tuviera órdenes de hacerlo, el general Lucas Balderas se presentó al mando del cuerpo de Mina y del Tercero Ligero, los famosos polkos de verano, obreros y gente humilde, ansiosa de conquistar un sitio bie nganado como los polkos del bravos y del independencia lo habían logrado en Churubusco.

Envueltos en humo y ardiendo en cólera los mexicanos atacaron con valor sobrehumano. al empuje se desorientaron los norte americanos; Echegaray rescató los cañones y Balderas consiguió dispersar al enemigo, pero la caballería de Juan Alvarez permaneció criminaolmente inmóvil y vino a sumarse una más a la larga serie de "victoriosas derrotas".

Herido gravemente Lucas Balderas, vino a caer moribundo en brazos de su hijo Antonio quien, con la voz quebrantada por el llanto, daba órdenes, que sus hombres obedecían ciegos, alentados por aquel ejemplo de sublime heroísmo. Margarito Suazo, envuelto en el pabellón nacional, cayó para no levantarse más, acribillado por las bayonetas enemigas.

Los íltimos irlandeses fueron hechos prisioneros. Cuando los yanquis consiguieron dominarlos, eran solo un despojo sangrante, sostenidos en pie por una cólera superior a sus fuerzas.

Era inútil luchar más. La sangirienta lucha del destino colmaba su copa de margura.

Caminaron prisioneros entre los golpes y las inujrias, cayendo entre los charcos donde el sol encendía su ascua moribunda; las miradas borradas por un agrio despecho y hundiendo los pies descalzos entre el lodo resbaladizo, apoyandose unos a otrosp ara no caer, y lo más agobiante, saber que las fuerzas aniquiladas en ese esfuerzo eran solamente para llegar hasta el cadalso. No había ya ni esperanza ni consuelo.

¡La vida! ¿Quién sabe cuánto vale la carne que nos cubre hata que ella duele, hasta que sentimos en el rostro cómo se perfilan los dedos de la muerte ? ¿Quién sabe lo que es la vida sino cuando va a perderse y la conciencia lúcida nos e da reposo y el corazón se hace nudo de angustia y el labio enmudece ante el asombro y el dolor?

No te duelas de mí, Cosntancia... -pensó O'Leary-. ¡Te quiero mucho y eras lo más noble y hermoso en el final que me correspndía vivir; en este gran final que se ha devorado implacable miles de seres en los frentes de combate, en la soledad de los caminos, en la tristeza de los pueblos incendiados y esclavizados! ¡No te duelas de mí porque, despues de todo, mi vida no ha sido una eterna búsqueda de una felicidad que pude imagianr a tu lado!

Pensando en ella, el prisionero no sentía el camino ni oía las voces; no vivía en sí mismo, en su carne herida. El dolor físico cedía ante la nostalgia de una felicidad nunca alcanzada y existía en el una extraña embriagues de algo desconocido y eternamente buscado.

Seré para ti el amor no logrado, la eterna esperanza inalcanzada, la palabra que no dijimos nunca, la caricia que deje de darte. No he muerto todavía y hace tiempo que soy sólo un recuerdo.

Marchaba ajeno a todos, sumergido en sus propios pensamientos como si el mundo hubiera desaparecido y sólo su su sombra caminara entre la larga fila de prisioneros.

Y se sintió de nuevo sobre la tierra del desierto, caminando sin rumbo entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte.

 

{
}
{
}

Comentarios Capitulo 18. Sin esperanzas

gracias por subir un capitulo mas!!!
muy triste por ciertoo saludos!

Francisco Francisco 10/05/2010 a las 05:06
Que  bueno  ,  saver  de  un  capitulo  mas  ,  cuantos  mas  son  ?   prodias  subirlos  todos  , 

gracias .
ALIN ALIN 24/06/2010 a las 23:06
Son 23 capítulos. Muchas felicidades a Alberto que ha logrado capturar esta novela que ya no puede encontrarse a la venta. Yo cuento con un ejemplar y si así me lo pidieran yo pudiera escanear los 5 capítulos siguientes (sin la intención que quitarle mérito a este proyecto, claro está)

Saludos desde México

Capítulo 19: La Sentencia

"Con certeza no sabía el lugar donde se encontraba. Había llegado allí llevado por sus captores y sin imaginarse siquiera los sitios que habían atravesado a pie, entre lodo y lluvia, entre la noche y la angustia de ser sólo un hombre arrastrado por la violencia y el orgullo."
elcouch elcouch 03/09/2010 a las 05:16
saludos desde tehuacan puebla le escribo en primer lugar para felicitarlo por el trabajo que se toma en subir estos capitulos, yo tengo dos ejemplares del libro batallon de san patricio escrito por patricia cox, tanbien tengo tres novelas de hombres y heroes del mismo batallon asi como un video en vhs auspiciado por la unam del mismo batallon, nadamas me falta cuestion de sangra de jorge belarmino sanchez tomas de editorial planeta, hace tiempo tuve una novela titulada ,los colorados de san patricio, pero por prestarla nunca me la devolvieron 
braulio hernandez braulio hernandez 05/12/2010 a las 05:28
por cierto, aqui en tehuacan hay una libreria que se llama libreria aragon y esta a un lado de la iglecia catedral, puede que todavia tengan ejemplares de este libro, ahi fue donde compre tres ejemplares del mismo libro, asi como tanbien una nobela del mismo tema la cual preste y nunca me la devovieron, pero se me quedo en mi memoria una parte muy bonita de la misma ,voy atratar de acordarme. mas o menos decia asi, en la angostura los colorados de san patricio enfrentaron a la muerte descalzos, no habian comido ese dia, habian mal comido y padecido un clima horroroso en su transito de san luis a buena vista, sin embargo pelearon a la par de sus hermanos mexicanos, porque no querian que pasara en mexico lo que en su amada irlanda, en la siempre verde isla esmeralda, que ningun hombre incline la cabeza ante otro igual, solo ante dios se inclina la cabeza, porque al llegar el invierno, los niños tengan un pan que llevarse a la boca, un abrigo con que cubrirse del inclemente frio, por eso apoyaron con el fuego de sus viejos cañones el avanse de la infanteria y las cargas de la caballeria mexicanas . eran en total 260 y la mayoria murio en los campos de batalla, despues de la batalla de churubusco fueron separados de las filas del ejercito mexicano y llevados ante un consejo de guerra presidido por el general winfiel scoth, se les asigno un defensor de oficio mexicano y por ultimo fueron condenados la mayoria a la horca ,al ser arriada nuestra hermosa bandera del torreon del castillo de chapultepec y subida la americana se dio la horden de ejecucion ,se fueron llevandose cocida a su corazon los colores de la bandera de mexico volando su ultimo pensamiento hacia su amada irlanda . erin go brag, frase irlandesa que significa irlanda por siempre.  muchas fracias por que lean esta pequeña parte de una historia de hombria y valentia poco conocida, desgraciadamente
braulio hernandez braulio hernandez 05/12/2010 a las 05:55
perro desgraciado de antonio lopez de santaana  q traiciono a mexico porfas suvan los restantes capitulos nomas me quede en el 19 suvan los otros 4 restantes
michel michel 14/04/2011 a las 17:20
el couch no seas malo sube los capitulos restantes  se me hace q alberto esta muy ocupado y ayno tiene tiempo
michel michel 27/04/2011 a las 04:18

Deja tu comentario Capitulo 18. Sin esperanzas

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre