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Batallon de San Patricio (Patricia Cox) Capitulo 3

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Hola de nuevo, para quienes leen esto, les pido una discupa por haberme tardado tanto en escribir el siguiente capitulo, es que esta semana pasada la universidad me tuvo un poco ocupado pero ahora si aqui esta el capitulo y les prometo subirl los demas  em minimo cuatro días. Espero sus comentarios un saludo y que lo disfruten.

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Capitulo 3

Deirdre.

-Nada tengo que esperar ya, ni tengo por qué vivir -dijo Dominick después de aquella noche. Al perder su última esperanza sólo le quedaba la muerte, que habría de reunirla para siempre con Esteban en el paraíso.

Juan la miraba sobresaltado ocupar el sitio donde Esteban pasara sus últimas horas. Era como una figura de cera, inmóvil y sombría sin hablar y sin moverse.

El padre Nolan vino y trató de ayudarla, con cristianas palabras, pero en vano se esforzó por hacerla hablar. Toda su entereza anterior parecía haberse derrumbado y aplastarla con su propio peso.

-Lo que quiere tu madre es morir en paz -le dijo Popsi una mañana a Juan-. ¡Yo muchas veces he querido morir también, pero tal vez no lo he deseado con vehemencia que la muerte me haya escuchado! Aquí me tienes todavía u no le pertenezco ni al pasado ni al presente. Soy una sombra despreciable.

A veces, cuando Popsi se embriagaba, recurría a la tragedia para tener compasión de si mismo y justificar su vicio. Juan le tenía paciencia y le ayudaba siempre, tal como Dominick ayudara a sus vecinas. No era, pues, extraño ver a Popsi desde el amanecer hasta que cerraba la noche en casa de los O'Leary, para después ir a refugiarse a la taberna o al City Hall.

Juan pasaba el día en el campo y le parecía vivir una pesadilla; no hallaba refugio alguno al llegar a su casa y contemplar a su madre sentada, dispuesta a morir a toda costa, sin probar alimento y sólo dormitando cuando el sueño vencía su fatigado cuerpo.

-Madre..., necesitas vivir para no dejarme solo -suplicó Juan un día.

Dominick pareció escucharle desde muy lejos, porque movió su cabeza negando, pero no pronunció palabra. Y Juan se refugiaba con Popsi, en el soportal húmedo y frío, donde prendían una pequeña hoguera.

-Deberías casarte, Juan -dijo Popsi una ocasión-. Tu madre va morir cualquier día y tu vas a dejar para siempre esta tierra si no te has casado antes.

-¿Con quién he de casarme, Popsi? Las muchachas son esquivas conmigo, parecen tenerme miedo.

-Tal vez así sea -dijo Popsi-. En la taberna se escucha el sentir del pueblo; allí los hombres cuando beben dicen sin recato sus sentimientos, y tú llevas sobre ti el peso de Esteban O'Leary..., ¿no me entiendes, verdad? -dijo mirando el gesto de sorpresa del muchacho-. Esteban había sido un proscrito de quien nadie se acordaba, a excepción de tu madre que mantenía vivo el desastre del 98. Los hombres sentían vergüenza frente a ella porque fue siempre muy entera, menos ahora -dijo volviendo el rostro para mirar de soslayo la figura inmóvil de Dominick, iluminada apenas por el resplandor de la chimenea-. ¡Y fíjate que hablo de ella como si ya no nos escuchara, que Dios me lo perdone! -Atizó la hoguera y se frotó las manos mientras añadía-: Al volver Esteban tan inesperadamente, el pueblo tuvo que admitir su propia cobardía, pero no hizo nada por salvarle, nadie movió un dedo para librarlo de la muerte. Parece extraño, pero así lo hicieron. Eres una acusación viviente, y esto te aparta de todos. Si fueras un delator, te odiarían y ejercerían sus pequeños rencores en contra tuya; si fueras un proscrito, te protegerían y serían tus cómplices, porque representarías lo que su cobardía les impide ser, pero no eres ni lo uno ni lo otro..., por lo menos así es como yo entiendo lo que ocurre.

Tal vez Popsi tenía  razón. El hecho de ser hijo de una víctima era como echarles en cara su debilidad y su parte culpa, de allí que tuviera pocos amigos y que ninguna muchacha le mirara a los ojos.

Vio a Popsi fijamente, estudiando cada línea de su rostro. Era repugnante y sucio, y olía a alcohol, pero era su único amigo y tuvo que confesarse que significaba muy poco para si entristecida juventud. Popsi seguía hablando, como lo hacía siempre que el licor le calentaba los huesos y le soltaba la lengua.

-No quiero aconsejarte, Juan O'Leary, pero yo en tu lugar esperaría simplemente que Dominick cerrara de una vez sus ojos, la sepultaría cristianamente y me apartaría para siempre de esta tierra. ¡Hemos perdido casta, y sobre Irlanda y sus hombres ha caído una maldición! Los jóvenes tienen que buscar la tierra de promisión, como las antiguas tribus de Israel.

La mirada de Popsi parecía la de un profeta, ardiente y fanática. Mientras el fuego ponía en sus barbas sucias reflejos rojizos.

-¡La tierra de promisión! -repitió mecánicamente Juan, como si respondiera a un recóndito anhelo largamente acariciado. Miró a lo lejos la tierra duramente peleada a los pantanos, la casa que construyeron sus abuelos y que cuidó con esmero su madre, ¿qué significaba todo aquello frene a su asilamiento? -¡Tal vez tengas razón, Popsi! -dijo, cediendo de una vez por todas a sus pensamientos.

-¡A donde vayas, te llevarás todo lo que en verdad te pertenece: tu propia libertad, tu conciencia y tu voluntad para rehacer tu vida...!

Juan estiró su mano y tomó la sucia mano del viejo Popsi que le miraba sonriendo con su boca desdentada.

Dominick no vivió mucho; se había propuesto morir y quería morir, hasta que lo consiguió. El padre Nolan acudió a su lado en los últimos momentos, pero comprobó plenamente que la pobre mujer había muerto desde que sepultó a su marido. Su pobre alma atormentada vagaría de aquella sepultura al interior de su casa si él no perdonaba su actitud y la consideraba con caridad cristiana. Era un dilema para su sacerdocio aceptar los actos como dispuestos así por el Señor, pero sin duda. El lo había querido, y Dominick no tenía ya otra misión por cumplir. Todavía en la mirada de la agonía, el padre Nolan había admitido la resolución que ella tenía de morir Portu propia voluntad.

Los funerales de Dominick fueron bastante concurridos. Era el último tributo que el pueblo daba a la viuda de Esteban O'Leary, una mujer que había sido silenciosamente heroica. La tradición se seguía al pie de la letra, y Popsi ayudó concientemente a Juan en aquellos menesteres.

Una vez más se reunieron en el soportal los dos extraños amigos.

-Deja todo esto, Juan, y ve en busca de esa tierra de promisión -aconsejó Popsi.

Juan estaba de pie mirando ese campo cultivado con el agobio de los suyos  regando con el sudor y la sangre de aquellos O'Leary que alguna vez tuvieron la pretensión humana de ser los dueños de la tierra que trabajaban. Era como una traición abandonarla, pero también era demasiado dura la carga sobre sus debilitadas espaldas. Dominick le había enseñado a venerar el trabajo y el esfuerzo heredado de los suyos.

-Trataré de salvarme, Popsi..., quiero aferrarme a lo que ha sido de mi familia, a lo que me pertenece -respondió con voz apagada.

-¿Hasta cuando podrá pertenecerte? -dijo Popsi llevándose a los labios los restos de whisky que quedaban en el galón de barro-. ¿Hasta que el coronel Johnston disponga lo contrario? A Dominick O'Flynn se le respetaba porque era la mujer de un proscrito, después d todo, hubiera sido demasiado arrojarla de su propiedad, y ella no lo hubiera permitido, era demasiado valiente para consentirlo, pero contigo cambia todo: eres un hombre soltero que puedes significar una amenaza en el futuro. Eres el hijo de Esteban O'Leary, como quien dice un rebelde en potencia.

 Juan no sabría decir si en la voz de Popsi había un acento de burla o de sinceridad.

-No soy un rebelde -dijo con disgusto.

-No lo eres, por Nuestro Señor..., pero lo serás si sigues aferrado a este maldito lugar.

Juan sintió ira contra Popsi..., ¿tienes algún interés en que yo me vaya de aquí? -preguntó Juan con no disimulado disgusto.

-Dios me libre de semejante sentimiento en contra tuya, siendo el único amigo que tengo y el único que me soporta -respondió Popsi casi con lagrimas en los ojos-. Lo digo porque me duele tu soledad, porque miro el vacío que hay a tu alrededor. ¿Dónde están tus amigos de la infancia? ¿Dónde están los tuyos? Tus padres y tus abuelos ¿no tuvieron aquí su hogar, no son piedras de este peñasco?.., y tus amigos no están ya aquí, se fueron en busca de otro mundo menos hostil y menos difícil, donde haya siquiera una esperanza.

Juan volvió el rostro hacia el interior de la casa, como antes, y no vio a la rígida figura de su madre; el fuego iluminaba apenas los muros blanquizcos.
Algo adentro de si mismo pareció decirle:

-¿Qué esperas ya? ¿Qué te queda aquí?

Sólo entonces comprendió el gran vació de Dominick, pero ella, al menos, lo tenía a él y vivía por él.

Miró a Popsi y comprendió también porque el vagabundo miserable buscaba el olvido en el licor; una embriagues estúpida y opaca que sólo servía para provocar lástimas y desprecio.

-Si te quedas aquí -le oyó decir-, acabarás como yo, ¡la misma imagen de la desolación y la miseria!, o serás un rebelde y terminarás con lasota al cuello o deportado.

-El paisaje es hermoso... -dijo Juan con ironía. -Pero es tu único paisaje -dijo Popsi llevándose a los labios el último trago. Después los dos quedaron en silencio.

Pocos días más tarde Juan conoció a Deirdre, y se asombró de que hubiera una mujer como ella. Estaban ambos en el acantilado, frente al mar. Se encontraron allí porque el destino así lo tenía dispuesto, según comprendió más tarde.

Ella le hablo amigablemente. No era una mujer como las de la población, aldeana desconfiada: era una muchacha libre de preocupaciones y prejuicios, libre como los pájaros y como ellos, alegre y voluntariosa. Le miró serenamente y preguntó sin embozo:

-¿Eres Juan O'Leary, el hijo de Esteban el ajusticiado?

Juan recibió esas aquellas palabras como un golpe en pleno rostro y la miró con rencor, pero ella sonrió y sus ojos tenían una extraña luz cálida y azul.

-Sé que Dominick ha muerto... -dijo-. Creo que fue lo mejor para ella.

No sabría Juan decir por qué una extraña opinaba en esa forma sobre ellos, así que preguntó entre indignado y confuso:

-¿Por qué hablas así de nosotros los O'Leary?

-Porque ustedes son gente nuestra, como Popsi, como Rally, como los McClelland o como Cavanaugh... ¿Qué más da? ¡Tu madre ha descansado al fin, después de una larga y penosa jornada!

Se había acercado hasta él y le miraba abiertamente a los ojos, sin recato, como una real señora acostumbrada a mandar. Juan advirtió que en sus  palabras y en su actitud, aquella criatura no tenía la menor intención de molestarlo; así pues, tuvo que confesar:

-Es verdad..., ha descansado. No quería vivir ya y no tenía porque vivir más.

-¿Y tú qué piensas hacer?..., ¿seguirás con la tierra, con la casa, con el peso de los tuyos sobre tus solitarias espaldas?

Nuevamente le parecía que  ella se burlaba de él, así que con enfado replicó bruscamente:

-Seguiré adelante y por si te interesa, puedo bastarme a mi mismo...

Ella rió de su enfado, y lo hizo alegremente.

-eres un incorregible irlandés, sombrío y gruñón, con un profundo sentido fúnebre de las cosas y la gente.

Juan no pudo contenerse y la tomó por las manos bruscamente. Ella dejó de reír. Sus azules ojos parecieron azules llamas de cólera y trató de zafarse diciendo:

-Y, además, eres un campesino bruto y salvaje.

-¿Qué querías que fuera entonces? ¿Qué otra cosa le permiten los ingleses a un irlandés para que pueda vivir?

-El mundo es grande. ¿o lo has reducido a este poblacho miserable? -gritó ella furiosa.

Ambos quedaron en silencio, mirándose a los ojos. Después, Juan fue soltando lentamente las manos de ella, que se frotó las muñecas enrojecidas mientras decía suavemente:

-tienen razón los que hablan de ustedes. Son bárbaros rebeldes, pero en el fondo reconozco que deben serlo, Juan O'Leary. Si cambian algún día y reconocen que el tirano tiene sus derechos, Irlanda se habrá perdido para siempre. Por eso admiré tanto a Dominick O'Flynn.

Juan había pasado insensiblemente de la ira a la humillación y de ésta a la admiración que despertaba en él aquella muchacha, diferente a todas las que había conocido.

-¿Tú la conociste? -preguntó.

-La conocí, y a ti también..., pero tú nunca me viste.

-¿Dónde has estado? -preguntó él.

-Aquí... -dijo ella señalando todo lo que la rodeaba- ¡soy irlandesa, como tú..., como todos!

Se encaminó directamente hacia un peñasco y como si nada hubiera ocurrido se puso a cantar quedamente. Juan, atrás de ella, veía sus cabellos revueltos por el viento, sus manos suaves y blancas caídas sobre la falda, el perfil adolescente y gracioso y la boca reidora y alegre. La escuchaba con embeleso.

Acushla, Acushla,

Tu dulce voz esta llamando

Me llama dulcemente

Una y otra vez.

Acushla, Acushla...

Un impulso ciego le hizo acercarse a ella, apoyó sus rudas manos en los hombros y la miró profundamente. Sintió que una desconocida ternura le invadía y cayó de rodillas frente a ella, besándole las manos que antes había lastimado.

Ella apoyó su rostro sobre los cabellos y permaneció quieta y silenciosa, como si tuviera miedo de romper el hechizo que los unía.

Desde ese día se encontraron todas las tardes y se amaron con locura. Allí, frente al horizonte donde se hacía cristal el día, se olvidaban de todas las miserias, de todos los pesares y abrían sus corazones a un mundo insospechado y nuevo...

-Deirdre..., ¡si quisieras casarte conmigo! -pidió Juan una vez.

-No me hables  de eso, Juan... ¿No estoy contigo?

Ambos sabían que estaban desafiando una situación establecida. Entre ellos se abría un abismo, y pretender salvarlo era una locura; para borrar aquella impresión Deirdre reprochaba con ternura.

-Como buen irlandés quieres tener sobre mi derecho de propiedad, como si fuera un caballo o un pedazo de tierra..., sin embargo, nada es tuyo ni mío. ¡Todo es y será de los ingleses!

-Será..., hasta que podamos arrancárselo de las manos.

-¿Qué esperan, pues?

Juan no supo qué responder. ¡Hacía tanto que esperaban!, ¡siglos de lucha sin orden ni sentido, años de hambre, miseria y desesperación!

-Confórmate con lo que te da la vida, Juan O'Leary.

Fueron días felices, semanas y meses. Popsi miraba maliciosamente la alegría de Juan, su nerviosismo, su asilamiento. A veces le esperaba largas horas en el soportal, porque Juan era el único que seguía tolerándolo y teniéndole paciencia, y Popsi se había esclavizado voluntariamente a la casa  de los O'Leary.

Un día, Deirdre no llegó. Juan la esperó enfadado primero, angustiado más tarde. Y desde entonces vivió en un infierno. No volvió a verla nunca más. Las tardes iban a morir en ese vacío opaco y desabrido que había sido su vida antes de conocer a Deirdre. Preguntar por ella hubiera sido insólito y atrevido, así que tuvo que guardar en silencio si abatimiento y su congoja.

A veces no regresaba a su hogar. Permanecía en su soledad hasta muy avanbzada la noche. No quería ver  a nadie ni saber de nadie. ¿Quién podría darle razón de su adorada?

Una noche, sin embargo, Popsi le esperó hasta el alba. Bajo el soportal había hecho fuego y se calentaba las manos temblorosas, su botella de whisky estaba casi agotada cuando llegó Juan.

-He sabido algo que puede interesarte -dijo el vagabundo mirando de soslayo a Juan, y sin esperar respuesta continuó-; La señorita Johnston  parte para Londres con su familia...

-¿Qué me importa a mi la señorita Johnston? -dijo Juan casi con un gruñido, mientras tomaba asiento frente a Popsi que le miraba interrogadamente.

-Tal vez te importe si sabes que ella se llama Deirdre...

Juan se levantó de un salto y miró al vagabundo, conturbado por un extraño sentimiento de inquietud y de ira.

-¿Qué sabes tú  de Deirdre?

-De ella, ¡lo que ha dicho una de las criadas!

-¿Qué ha dicho? -preguntó Juan tomándole bruscamente por los hombros.

-Que parece... parece -dijo enfáticamente- que va a tener un hijo y que se ha negado a decir de quien puede ser el padre...

Juan no termino de escuchar aquellas palabras. Echo a caminar resueltamente hacia el poblado. Atrás de él Popsi caminaba a brincos, levantando su bastón y tropezando, mientras trataba de contenerlo:

-Espera, Juanito, espera...

Pero Juan no le oía ya. Corría dominado por un torrente de emociones encontradas y diversas. ¡La raptaría! Nadie tenía derecho sobre Deirdre sino él, Juan O'Leary, el hijo del ajusticiado.

Se detuvo frente a la vestusa casa del coronel Johnston, una mansión pesada y sombría, apagada y oscura a esas horas. Un peeler le salio al paso.

-¿Qué  buscas? -preguntó.

Popsi había tratado en vano de alcanzarlo y lo miraba desde lejos hablar con el odiado peeler.

Juan se sobresaltó, pero reaccionó rápidamente.

-No busco nada..., solamente quisiera saber de la familia.

-¿En que país del mundo vives tú? ¿En lo alto de las rocas o en los pantanos? ¿Y qué interés tiene un pelafustán como tú  en la familia de su honor? ¡Se han ido esta tarde y no volverán nunca a este maldito lugar! Se han ido para siempre, ¿sabes? -y añadió con desprecio-: Ya veremos si los campesinos pueden encontrar a otro amo como el coronel Jonatan Johnston...

Juan permaneció como petrificado.

-¿Sabes a dónde se han ido? -preguntó con voz casi suplicante.

-¿Quién eres tú para preguntarlo? Michael Hegarty te podría informar si tienes algún negocio pendiente..., y ahora..., ¡vamos..., vamos de aquí! -dijo empujándole con la culata del fusil.

Juan sintió que su sangre se había convertido en un torrente de amargura.

-Deirdre..., Deirdre... -exclamo con voz ahogada-, ¡te amo!

Popsi había llegado hasta él y pasó su mano por su hombro en señal de amistad. ¿Qué podría decirle el vagabundo para consolar ese dolor nuevo hasta entonces? ¿Qúe palabras pueden aliviar la pesadumbre de un amor truncado, la desolación de una esperanza quebrantada?

Hundido en su derrota, Juan comprendió que había sido una locura pretender salvar aquel abismo. De si cariño enloquecido quedaba sólo ceniza, agrio sabor ausencia sin adioses.

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Comentarios Batallon de San Patricio (Patricia Cox) Capitulo 3

EE

Al fin!!, me alegra mucho q si lo hayas subido, entonces en 5 dias vuelvo a ver si ya esta el 4, por ahora no te pedeire q me digas mas, porq entonces t diria q me contarás todo el siguiente capítulo.

Y como seguro podrias decir la parte q mas me gusto fue cuando conocío a Deirdre, la verdad q no esperaba q tan pronto se muriera su madre.

Y como ya t había dicho muchas gracias por cambiarle el fondo, definitivamente es mas fácil d leer ahora!!
q estes muy bien y ya sabes pero t lo dejo para q lo recuerdes aun mas
te quiero muchoooo!!
luna black wood 20/10/2008 a las 22:45
Muchisimas gracias por toda esta informacion, la verdad es que es muy completa!
Un saludo
Alquiler Pisos Alquiler Pisos 23/10/2008 a las 01:34
GRACIAS, GRACIAS!!!


Patricia Aq Patricia Aq 04/04/2012 a las 01:21
Estoy buscando el nombre del bisabuelode mi sposo de apellido Kelly
drina bastidas drina bastidas 22/11/2012 a las 16:12

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