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Batallon de San Patricio. Capitulo 15

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Capitulo 15

Las contraguerrillas

 

Había sido inutil para don Pedro María Anaya convencer a don Antonio de la utilidad de un ataque a Winfield Scott en Puebla. Santa Anna había dispuesto fortificar la ciudad de México y esperar allí el ataqued final. Perversamente el general-presidente rechazaba por segunda vez la oportunidad de firmar esa "paz honorable" que tanto pregonaban buscar los generales invasores.

 

Las tropas recibieron órdenes de movilizarse hacia la capital y la defensa del territorio invadido quedaba prácticamente en manos de las guerrillas.

 

La sorpresa recibida de Santa Clara puso al capitan Walker sobre aviso y no ignoró que la cabeza de Macario Pacheco corría peligro en cualquier sitio, sin las formalidades de un Consejo de Guerra ni juicio alguno qeu aparentara la legalidad de leyes urgentes dicatadas por el estado de emergencia en que se vivía. Cualquier guerrilllero tenía no solamente la autorizacion, sino el derecho de ejecutar al traidor. Le había sido hasta entonces muy útil y, aunque no era un conocedor  perfecto del terreno, era lo bastante habil para conseguir informes y lograr adeptos. El precio del dolar quebrantaba voluntades y borraba escrúpulos; los bandoleros carecen de reglas de moral y desconocen deberes elementales.

 

Pero tampoco resultaba bien saberse perseguido y acosado por hombres tan cabales como Cayetano Uribe y los suyos, y decidió que un piquete de su contraguerrilla acompañara a Macario Pacheco hasta Puebla y la entregara al general Scott quien sin duda alguna lo haría ingresar, con magnifica hoja de servicios, a la Spy Company.

 

El Ejercito del Norte emprendía la retirada obedeciendo órdenes. El Batallon de San Patricio siguió la marcha con el ejercito al que pertenecía y sus filas aumentaban a despecho de Winfield Scott que sintió por ellos un odio especial y a los que calificaba de "miserables descarriados".

 

Las lluvias torrensiales hacían intransitables los caminos; la artillería se atascaba en los lodas¡zales de las brechas, y aveces, para escapar a las emboscadas de las guerrillas de Walker, se veían obligados a utilizar veredas escondidas en las cañadas, lo que dificultaba el movimiento. Llegar a San Martín Texmelucan había sido una proeza; por lo menos, más adelante podría seguirse el camino de herradura que utilizan las diligencias y las conductas.

 

De pronto apareció Cayetano Uribe al frente de su gente. A ellos les había correspondido cuidar la retirada de los valientes colorados.

 

Los hombres estaban agotados y sucios, llenos de lodo y sudor, los uniformes desgarrados y ya sin calzado con que protegerse de las piedras y las zarsas del camino. Algunos se cubrían con capisayos de palma que les habían regalado los campesinos a su paso por los pequeños poblados y rancherías. San Martín Texmelucan pareció un osasis.

 

Había cerrado la noche cuando acamparon. La espadaña de la parroquia estaba iluminada por lámparas de aceite protegidas del viento. Algunos hachones de ocote ardían y su flama se retorcía humeante y caprichosa. La tropa se había refugiado en el convento y algunos hombres acampaban en el cementerio encendiendo fogatas para secar un poco las humedas ropas. voces perdidas cantaban aquella cancion que era ya como un grito de guerra en los desolados ampos mexicanos de 1847.

 

¡Ay muerte, no seas inhumana

dejame vivir,

esperando qeu tal vez mañana

la ronca campana

nos llame a morir!

 

Allí le encontró Cayetano, cuando junto con Dennis Conaban escuchaban aquel canto que tenía algo de suplica y de reto. El capisayo le abrigaba el cuerpo rendido por la fatiga y empapado por la lluvia Juan O'Leary le miró con agradable sorpresa como si de pronto, entre el dolor de la tierra, desgarrada por el odio, surgiera la amistad.

No era Cayetano hombre de efusivas demostraciones; le bastó un apretón de manos en el qeu significaba su afecto y buscaron un sitio apartado para charlar, mientras a lo lejos se escuchaba el rumor sordo del paso de las tropas, el pesado rodar de los carros y el trote de la caballería.

 

-¡Y pensar que los hubieramos desbaratado en Puebla! -suspiró el guerrillero. Torció entre los dedos un cigarro y Juvencio raspó el pedernal y le acercó la llama-. ¡A veces pienso que es al proposito!

 

Así lo habían pensado también los hombres de San Patricio, pero estaban acostumbrados a pelear en confuso sistema; ahora, sin embargo, eran parte del Ejercito del Norte que, desde el principio, llevaba a cuestas el peso de la guerra.

 

-¿Qué sabe de Constancia? -preguntó Juan.

-Nada, hijo, nada. Estará rezando por nosotros en San Lorenzo. ¡No quizó salir de allí; se aferró a sus adobes y a su pozo, a sus tierras y a sus animales y dijo que solo con los pies delante la llevarían al panteón!... ¡Y yo tan lejos..., y ella sin amparo! Pero Dios verá por ella y de vez en vez alguien le dará razón de nosotros.

 

Volvieron a qeudar en silencio mirando ambos el cigarro, que era como un puntito de luz en la sombra.

 

-No sé cuando volvamos a vernos -dijo el guerrillero-. El ejercito del norte se va a defender la ciudad de México, allí se decidirá la guerra qeu pudo resolverse antes ¡pero no somos nosotros quienes mandamos; nos toca obedecer, y somos buenos soldados! De modo que nos encontraremos allí cuando todo acabe, para bien o para mal.

 

Juan entendió ne aquellas palabras más pesimismo que confianza.

 

-¿No cree usted el triunfo? -preguntó.

-¡Como creer..., ya no creo en nada! La muerte es lo unico seguro -dijo.

 

Un lejano toque de corneta daba órdenes a las tropas que marchaban. Pareció de pronto que el tiempo apremiaba, que el enemigo  estaba ya al frente, preparandoles una emboscada. Cayetano se irguió y le tendió la mano.

 

-Me voy -dijo, pero se quedó de pie, mirandole. Parecía modo de mentira que teniendo tanto qeu decirse hubieran hablado de lo que todo mundo hablaba. Luego, como obedeciendo a un íntimo impulso sobre algo que le repugnaba, preguntó:

 

-¿Ha oído mentar a Macario Pacheco?

 

Juan movió la cabeza negando.

 

-Es de los hombres que han ayudado al capitan Walker a asolar los pueblos de Veracruz. Hay orden de qeu sea ajusticado donde se le encuentre sin formacion de causa.

-Yo no puedo hacerlo -respondió juan.

-So lo encuentra a solas, podrá hacerlo y deberá hacerlo, créame ¡por el bien de todos!

 

Juan sonrió escéptico. ¿Qué valía aquella mísera traicion entre las muchas que estaba nresistiendo?

 

Cayetano se apartó de él seguido por Juvencio y por Ricardo Guitierrez; Juan lo vio montar en su caballo y antes de aprtir volvió el rostro hacia él y levantó la mano para despedirle. Una intima congoja le afligió.

 

-Si el viejo falta -pensó-, ¿qué será de Constancia?

 

Buscó de nuevo la compañia de Conaban, que había permanecido aparte. Al verlo llegar preguntó:

 

-¿Malas o buenas noticias?

-Más malas que buenas...

 

Extendieron los capisayos bajo el portal que había sido aislo de los peregrinos en la época de la evangelizacion y se tendieron a dormir, pero la noche preñada de lluvia hacía más triste la hora. Conaban fue el primero en hablar.

 

-¿Cuanto tiempo hace que nos vimos en España? Dejame sacar la cuenta..., la hija de Deirdre estaba apenas recien nacida.

 

-Por ti lo supe -respondió Juan-. Fue en el 20.

-¿Te aceurdas? ¿Quién diablos nos metió entre comuneros y nos echó a cantar el himno de Riego? -sonreía sin que Juan le viera-. ¿Qué es lo qeu nos arrastra siempre, lo que nos lleva de un lado a otro?

-lo que nos trae y lo que nos lelva es la inconformidad con nosotros mismos. no hemos logrado nada en la vida y nisiquiera hemos vivido bien, lo digo por mi, que no pudo ser el hombre que diera  a su propia hija el hogar y el nombre que merecía.

 

Dennis guardó silencio. Con las manos enlazadas bajo la cabeza miraba hacia la espadaña, donde las luces agonizaban entre la lluvia y el viento.

 

-A veces me pregunto si somos verdaderamente culpables, si nosotros somos resonsables del mundo que heredamos -dijo.

 

Juan se encogio de hombros sin responder. Conaban habló entocnes muy quedo:

 

-¿Te acuerdas qeu salí de España sin vovler a verte? Yo había estado con "El Empecinado" al que ejecutaron acusado de masón y tuve que salir so pena de que corriera la misma suerte. Vine a America entonces. Los disturbios eran iguales allá que acá, la misma incoformidad, el eterno descontento, el disputarse el poder unos a otros y el ego a flote en todo. Pues bien, había un lugar en el que muchas familias irlandesas habían puesto sus ojos. Ese lugar era Texas y yo fui de los inmigrantes qeu fundaron el condado de San Patricio... Yo vi a los apaches destruir casa por casa, violar mujeres, asesinar a los hombres y secuestrar a los niños, ¡Era la embriaguez de la sangre y el exterminio! ¡Te aseguro que nada hay comparable a eso; ninguna crueldad puede asemejarse al odio feroz y encarnizado de los apaches! Llevaban armas qeu les proporcionaban los traficantes yanquis; iban borrachos de alcohol, alucinados por la droga y llenos de  rencores atizados intencionalmente. Querían cobrarse de golpe las enérgicas medidas que ñoas atraz haía tomado contra ellos el capitán don Matías Galvez, que despues fue el Virrey. ¡Y cuánta razon tenía..., y como los conocía! ¡Que distino hubiera ido todo si este hombre cabal hubiera llevado a la practica su experiencia!... ¡Los indios no eran hombres..., eran demonios!, ¡peores qeu fieras! ¡No pueden ser hombres, Juan O'Leary! ¡dudo qeu Dios pueda perdonarselos..., no sé si peuda Dios perdonarme ami también!

 

Su voz se ahogó sordamente  minetras los puños apretados golpearon sobre la tierra húmeda con impotente furia . Dennis Conaban  tenía brillantes las pupilas y temblorosas las manos que se frotaba una contra otra despues de aquel desahogó de golpearlas  contra el suelo. Estaba anhelante y podía sentirse temblar su cuerpo todo bajo la áspera fibra de capispayo.

 

-Nunca he tenido el valor suficiente de confesar mi cobardía..., no sé si tú me desprecies después de lo que voy a decirte ¡pero necesito sacudir mi corazón de este peso qeu me abruma, de todo el horror que pesa sobre mis noches sin sueño!...

 

Guardó un breve silencio mientras fumaba el cigarro que Juan le había torcido. Hbría qeurido hablarle, pero ¿qué podría decirle? Las manos de Conaban se escondieron bajo el sobretodo y siguió hablando como si lo hiciera a algún ser invisible.

 

-Me había casado y me sentía feliz. Por vez primera viviía en territorio libre, donde se católico no era agravio mni culpa, donde me sentía al fin como un hombre y tenía un hogar. Conocía a Malvina en el barco en que hice la travesía despues de mi huída de España. Ella era irlandesa tambíen y tenía ese nombre poético que encierra todo un cántico de Osián, así nos conocimos y aprendimos a amar. Sobre todo, jamás dejarnos de ser irlandeses. ella traía un puñado de tierra nuestra que pusimos bajo el primer fuego que encendimos. Un hombre quería fundar en Texas la segunda Irlanda; una mujer llevaba tierra de su aptria como un simbolo y éramos los dos un árbol sin raíces qeu renacería en tierra ajena, y éramos un árbol sin renuevos y sin pájaros, pero erguido bajo el cielo... solamente que Texas no era la tierra prometida, la tierra de nuestra esperanza. Había en ella un germen amargo desconocido para nosotros: la esclavitud. Y a pesar de la tierra y de los hombres, fundamos el Condado de San Patricio y nos amparamos a la bandera de México hasta que nos aniquilaron los apaches.

 

-No sé cómo pude escaparme. Había subido a la azotea  a arreglar el techo qeu goteaba, cuando empezó la incursion. Todavía me parece ver los rostros pintados de siniestros colores, los cuerpos desnudos y ágiles, los penachos de plumas, las lanzas de fuego. Todo fue ta nviolento que me paraliz´´ó el terror. Tuve miedo, Juan, un pánico espantoso ante aquellos que veíia y que era una página que Dante olvidó escribir. Todavía ahora me pregunto cómo pude soportar las tormentas a qeu sujetaron a Malvina, sin exhalar un grito, sin ahcer un movimiento que me delatara. Me sentía de piedra, como si otros ojos que no fueran los mios estuvieran mirando aquella indecible tortura, aquella afrenta a la dignidad humana, aquel atentado al pudor de una mujer... Malvina se defendió todo lo que pudo, pero era débil paracombatir contra dos fieras; la vi volver los ojos buscándome, la oí gritar mi nombre no una, sino muchas veces y la vi caer, y morder y arrancar los cabellos de sus enemigos hasta qeu se fue quedando quieta, aniquilada entre su propia sangre... ¡Oh Dios! -gimió con un grito ronco, inarticulando, como de fiera herida.

 

-Esta es la verdad sobre tu amigo Dennis Conaban, el valiente luchador que dejó al "Empecinado" solo con su muerte en el patíbulo; el que mas tarde careció de coraje para defender los suyo, lo unico que le pertenecía; el qeu no había tenido hasta entonces el valor de morir como hombre o como víctima siquiera. Por eso ahora estoy en México  por una causa justa, aunque toda la vergüenza y el miedo del mundo se acumulen en mi corazón y lo hagan estallar ne pedazos... Yo mismo me desprecio Juan, y sólo con mi conciencia llevo esta carga sin alivio, esta oculta humillacion.

 

Dennis Conaban volvió su mirada y se encontró con los ojos de Juan, que le tendió la mano.

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COMENTEN, :P jeje

quiero hacer una acalracion, pues me voy fijando que Patricia Cox llama a las fuerzas regulares mexicanas como "Ejercito del Norte", y creo qeu esto es erroneo, pues si bien el  Ejercito del Norte (tambien llamado Division del Norte) compuesto aproximadamente por 15 soldados, fueron derrotados en la batalla de Palo Alto a principios de la guerra, despues de la derrota la division del norte se dsiperso y los soldados sobrevivientes se uieron a otras compañías. Así que ya en estas alturas donde los yanquis estaban apunto de entrar a la capital no había ejercto tan organizado como la valietne division del norte, simplemente quedaban la compañia de santaanna, el batallon de san patricio, y algunos del batallon de san blas.------------------------ consulten las memorias de guillermo prieto o el autor de llibro qeu  puse mas abajo en otra anotacion antes de emepzar con el libro para que van que no les miento....

un saludo y COMENTENN ¬¬ porfavor =)

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Comentarios Batallon de San Patricio. Capitulo 15

Esto se pone cada vez mas interesante, no dejare de actualizarlo.
irlanda irlanda 17/03/2009 a las 09:40
Todavia no acaba aqui, verdad?
lupidta sosa lupidta sosa 21/03/2009 a las 08:29
no, esto aun no acaba, me he tardado en escribir para ver si asi comentaban mas,, jeje pro ps casi ni hay coments pero igual
ya podre el cpaitulo 16 y 17 para el  martes
Hola: Por favor, sube los que siguen... andale. Plis...
lupita sosa lupita sosa 01/04/2009 a las 06:39
esta padre,acabo de empezar a verlo por primera vez y esta interesante,de donde lo sacaste?
desde q estaba en la primeria siempre me ha gustado el batallon de san patricio,en casa siempre se pone la bandera de mexico y es estandarte de los patricios
vaissel vaissel 25/04/2009 a las 02:22
http://diegobryar.obolog.com/

xo Diego B.
excelente pero que no era john riley el capitan y lider de los san patricios los cuales fueron bautizados en monterrey con el mote de valientes colorados
fernando balderas ca fernando balderas ca 24/06/2009 a las 08:33
Hola, soy alberto el editor de este blog, perdonen no he subido los otros capitulos por falta de tiempo les pido mis mas sincesras disculpas a quienes siguen leen este blog, pronto subire los demas ya faltan pocos ojala sigan teniendome en sus favoritos. hasta luego
ALBERTO ALBERTO 17/07/2009 a las 16:42
no te desanimes y sigue subiendo mas capitulos estas haciendo un gran trabajo social al hacer saber lo que realmente paso en la historia de nuestro pais
oko oko 04/08/2009 a las 00:21
Yo tambien espero que sigas subiendo mas capitulos esto esta cada vez mas interesante.
Hola

Hace tiempo leí este libro y creanme es maravilloso, un libro que me dejo marcada.

Que alegría Alberto que por este medio des a conocer este libro. Felicidades.
Recomiendo ampliamente
Ana Ana 17/10/2009 a las 20:36

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